CAPÍTULO 9

Caroline necesita amigos y esos muchachos parecen buenas personas. Joe se queda a solas con la chica, mientras Rick y Maite bajan al primer piso.

—Gracias por venir tan rápido y traer las medicinas. —sonríe el rockero a la mujer.

—De nada muchacho. Adoro a Caroline y lamento verla en ese estado.

—Hubiera ido yo mismo a por ellas, pero si voy a la farmacia tal vez ni me hubieran atendido. —le dice el artista.

—Sí. Ya imagino que no querrán atender a unos chicos suecos que acaban de llegar a este lugar, porque solo desean que os larguèis de aquí. —se sincera la dama.

—Sí, bueno. —responde el compositor encogiéndose de hombros. —Supongo que usted desea lo mismo.

—No muchacho. Te equívocas. ¿Por qué iba a desear que os marcharáis? Tenéis todo el derecho del mundo de estar aquí. Conozco a tu padre desde que ambos éramos niños y es un gran hombre. —le sonríe.

Rick le devuelve la sonrisa a la mujer.

—No sé porque la gente de este pueblo os juzga con tanta dureza sin conoceros.
Si mi niña prefiere y busca vuestra compañía será porque sois buenos chicos. —dice la nana de Caroline.

—Muchas gracias señora. —responde el cantante.

—Por desgracia esto no es la primera vez que le sucede. —se sincera la mujer con el sueco.

—¿Qué quiere decir?
—pregunta el rockero mientras ambos preparan una ensalada.

—Su padre es intransigente, puritano en exceso, intolerante, autoritario, machista, además de violento y una mala persona. No hay nada bueno en él. Sé que en todas las personas por muy malas que sean, hay algo bueno.
Pero este no es el caso.
Hay una persona que ese hombre ama por encima de todo. A él mismo —se sincera la anciana mujer. —Hizo sufrir mucho a la madre de Caroline, que era tan especial como lo es su hija. Que su hija haya desaparecido le importa más por el que dirán, que por como se encuentre ella. Total ya la ha pegado más veces. No es una novedad. —se lamenta la pobre mujer con tristeza.

Rick sabía que ese hombre es rígido, autoritario y moralista, aunque jamás imaginó que pudiera hacer tanto daño a su propia hija.
Es una bestia.

—¡Ese hombre es un animal! —exclama el rockero furioso

—Sí y Dios sabe que si no me he metido en medio de esas agresiones es porque de nada serviría. En algunas ocasiones lo intenté, pero no pude. Ese hombre es un experto en Artes Marciales y es demasiado fuerte. También agredió a la madre de Caroline cuando vivía.
A mi niña jamás la había pegado con tanta saña y tal descarga de odio y rabia.
Su hija ha pensado muchas veces en escapar de aquella casa. —comenta la mujer con pesar, cortando un poco de cebolla con las lágrimas surcando su rostro.

—¿Y por qué no lo hizo? —pregunta el muchacho acariciando la espada de Maite para darle consuelo.

—Porque no tenía donde ir. Nadie en este pueblo la habría acogido en casa, desafiando así a su padre. Eso es lo que él pensará si descubre que ella está con vosotros.

—Por desgracia, ya me he dado cuenta de como es ese tipo. —se sincera el rockero lavando unas hojas de lechuga. —He podido comprobar por mi mismo lo mala persona que es. Tuvimos un encuentro poco agradable.

—¿Qué te sucedió con él, muchacho? —interroga ella dejando por un momento lo que estaba haciendo para prestar atención a Rick.

El músico le cuenta a la mujer su desafortunado encuentro con el padre de su amiga.

—Ese hombre nunca cambiará. Cada día es más autoritario e intolerante. —dice la anciana molesta. —Su hija es muy buena con él, demasiado diría yo, pero un día puede terminar cansándose. Y la culpa será sólo de él.

—Yo no quería hacerle daño, pero él me atacó y tuve que defenderme. Soy impulsivo, eso lo reconozco. Pero no soy una persona agresiva, todo lo contrario. —se sincera Rick algo molesto.

—Lo sé. Mi intuición nunca me falla. Conoceros ha sido lo mejor que ha podido sucederle a Caroline en los últimos años. —le sonríe la buena mujer.

—Gracias. Es usted muy amable. —responde el músico devolviendo la risa a Maite.

—No es amabilidad, sino la verdad, muchacho.
Conocí a tu padre hace años, cuando vivía aquí. Es una excelente persona y por lo que veo, su hijo es como él. —le sonríe.

—Gracias de nuevo. Es muy agradable conversar con una persona tan cálida como usted. Por ella no se preocupe, acá está bien cuidada y protegida. La admiramos y estimamos. Hace unos días dió la cara por todos nosotros ante el resto del pueblo, sin apenas conocernos. Yo sabía que actuaría así, porque el día que la conocí hizo lo mismo conmigo, frente al dueño de ultramarinos de este lugar.
A mis compañeros les sorprendió, pues no se lo esperaban. —comenta el rockero abriendo una lata de atún,  para esparcir su contenido después por la ensalada.

—Así es ella. No soporta las injusticias. Cuando presencia algo injusto, no duda en enfrentarse a quien sea por ello. Aquí se la respeta, pero sólo en apariencia, por ser hija de quien es. Desde niña ha sido una rebelde y la comidilla del pueblo. Aunque todo ha ido a más en el último tiempo. —le explica la dama al cantante.

—Supongo que nosotros tenemos mucho que ver en eso. —agrega el cantante.

—Vosotros no tenéis la culpa de nada. La gente de esta comunidad siempre ha sido así. Desde vuestra llegada Caroline se enfrenta más a ellos. Les molesta y mucho que prefiera vuestra compañía a la suya.
Los rumores ya han comenzado a circular por el pueblo. —se sincera ella muy disgustada.

—¿Rumores? ¿A qué clase de rumores se refiere? —pregunta enfadado Jhonson, que desea saber el alcance de dichos rumores.

—Maldades de los vecinos de este pueblo, muchacho. Lo mejor es ignorar esos comentarios estúpidos y malintencionados. —le explica ella.

Tras escuchar las últimas palabras de Maite, el sueco, intrigado le da vueltas a la cabeza tratando de averiguar que rumores pueden ser esos de los que la mujer le habló.

Uno de sus compañeros de banda llega a casa en ese momento de realizar unas compras por el pueblo, bastante indignado.

—¿Se puede saber por qué traes esa cara de pocos amigos? —le pregunta otro de los músicos s su amigo.

—Nada. —miente él.

—Nunca has sabido mentir, así que habla. —le dice Rick.

—Está bien. —el muchacho tomando antes una bocanada de aire para tranquilizarse. —En este maldito lugar, corre el rumor que tú —mira a Rick, —y Caroline sois amantes, pero que no debe importarte mucho compartirla con nosotros. —confiesa el joven.

Cuando el músico lo escucha, la ira le invade.

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