CAPÍTULO 6 :LA CONFESION

Rick encuentra a Caroline frente a él con el rostro golpeado. Segundos después ella se desmaya en sus brazos.

—¡Dios mío, Caroline! ¿Qué te ha pasado? —dice él tomándola en brazos.

Cuando sus amigos le ven aparecer con la chica en brazos se alarman.

—¿Qué le ocurrió? —pregunta uno de ellos.

—No lo sé. Cuando abrí la puerta se desmayó en mis brazos. —responde Rick muy preocupado.

—Ponla aquí. —le propone otro compañero de la banda levantándose del sofá, dejándolo libre. —¡Pobre chica! —se compadece. —Alguien le ha dado una paliza. Tiene la cara y el cuerpo magullados. Debería ir a un hospital. —asegura el músico tras revisarla. —Aunque cuanto menos se la mueva mejor.

—¿No podrías atenderla tú? Después de todo has estudiado medicina. —le pide el rockero.

—En un hospital estaría mejor atendida. Además necesita algunas medicinas y aquí no dispongo de ellas. Habría que ir a comprarlas a una farmacia. —le explica su compañero mientras la revisa.

—¡Estupendo! ¿Y quién va a ir por ellas? Como el farmacéutico sea tan "simpático" como el dependiente del ultramarinos lo llevamos claro. —comenta el vocalista con fastidio.

Caroline despierta en ese momento y con gran esfuerzo logra pronunciar un nombre.

—Maite.

—¿Dijiste algo preciosa? —le pregunta el vocalista del grupo cuando la escucha hablar, acariciándole la cabeza.

—Maite...mi nana...haría lo que fuera...por mi. —logra decir ella con mucha dificultad.

—¿Cómo podemos encontrarla, Carrie? —dice Rick.

—Trabaja...como...criada...en mi...casa...El teléfono...está en...el bolsillo...de mi...pantalón. —logra decir la muchacha no sin cierta dificultad. —Pero sólo...si es...ella quien...atiende...la llamada...podréis hablar.

—Tranquila, yo misma lo haré. —asegura el cantante acariciando la cabeza de Carrie.

El rockero busca en el bolsillo del pantalón de su amiga y encuentra un pequeño papel blanco con un número telefónico anotado.

—Rick, ayúdame a llevarla a otro lugar donde pueda descansar mejor. —le pide Joe a su amigo.

—En el segundo piso está la habitación de invitados. Subamosla allí. —propone el intérprete.

Rick y Joe levantan a Caroline con sumo cuidado y entre los dos la suben al piso superior, llevándola hasta el cuarto. El músico deshace la cama. Entre su compañero y él la acuestan, mientras el resto de la banda comenta lo sucedido entre ellos.

—¡Pobre chica! Es una lástima que la gente de este lugar no la sepa valorar. —dice uno de ellos.

Con Caroline ya acostada, Rick llama a casa de su amiga, esperando que sea su nana quien conteste.

Cuando la mujer atiende la llamada, el músico pregunta por la nana de su amiga.

—Me gustaría hablar con Maite, por favor. —dice el artista.

—Con ella habla, dígame. —responde ella.

—Soy un amigo de Caroline.

La mujer se emociona y sonríe.

—Mi niña Caroline, ¿cómo estará? —inquiere la mujer con tristeza.

—Está bien. Se encuentra en mi casa, pero necesita su ayuda. —se sincera el cantante.

—Lo que sea. Haré lo que sea por ella. ¿Eres Rick? No temas. Caroline me ha hablado de ti. —le confiesa la mujer con una sonrisa en los labios.

—Sí. Ya imagino lo que el resto del pueblo le habrán dicho de nosotros. —responde Rick con un rictus de hastío en el rostro.

—Me importa muy poco lo que piense la gente de este lugar de vosotros. Solo me importa lo que Caroline opine y sé que ella solo confía en vosotros aquí. Y si tiene fe en vosotros será porque sois buena gente. No acostumbro a juzgar a la gente por lo que digan los demás. Prefiero formarme mi propia opinión. ¿Para qué me necesita mi niña? —desea saber la mujer de unos sesenta años, ojos verdes, cabello plateado y menuda estatura.

—Debe tomar unas medicinas y solo confía en usted para comprárselas. Además el día que la conocí, el dependiente de la tienda donde compré se resistía a atenderme. Me trató con desprecio y quiso a atenderla a ella primero a pesar que yo estaba en primer lugar. Así la conocí. Caroline se enfrentó a él y le exigió que me atendiera a mi primero. Pero no creo que vuelva a tener la misma suerte. —le explica el vocalista.

—Mi rubia linda y su gran corazón...Así es ella con los demás. No soporta la injusticia y siempre trata de ayudar a la gente. —le confiesa la mujer. ¿Por qué tiene que tomar medicinas? —se preocupa ella.

—No lo sé. Se presentó en mi casa en muy mal estado. Magullada y golpeada. —se sincera el rockero.

—¡Maldito Johnatan! ¡Seguro que la ha vuelto a pegar como de costumbre! ¡Pobre niña, qué mala suerte ha tenido con el padre que la tocó! —se lamenta.

—¿Fue su padre quien la pegó? —se sorprende Rick, mientras aprieta los puños conteniendo la rabia que comienza a sentir en ese momento.

—La ha pegado mucho a lo largo de los años. Espero que esta haya sido la última vez que la toca. Ahora dígame que medicinas tengo que comprar. —dice la dulce
Maite furiosa con su jefe.

Johnatan siempre ha sido una persona intransigente, intentando imponer en todo momento su opinión y anhelos por encima de las de los demás. Las opiniones y deseos ajenos no los toma en cuenta si no coinciden con los suyos.

Conoció a la madre de Caroline en Venezuela y fascinado por la belleza de la ex miss se propuso conquistarla. Ella se encontraba de vacaciones allí y pronto regresaría a Suecia, su país de nacimiento. Johnatan era consciente que si se mostraba tal y como era en realidad, la mujer no querría nada con él. Por eso fabricó un personaje, al hombre ideal para toda mujer. De ese modo logró enamorarla y casarse con ella.

Apenas unos días después del matrimonio, la madre de Caroline descubrió al auténtico Johnatan Sanders y se lamentó por haber estado tan ciega y dejarse engañar con tanta facilidad. Amaba al hombre que la conquistó y ese no era su esposo. Eva, que así se llamaba la madre de la chica después de pensarlo bien decidió pedir el divorcio de su marido.
Cuando descubrió que estaba embarazada cambio de opinión. No amaba a su esposo pues no era quien ella crecía y era muy infeliz. Estaba arrepentida de haberse unido a él en matrimonio, pero iba a ser madre y no quería que su hijo naciera y creciera sin un padre a su lado. Ese niño o niña serían su alegría, el único vínculo que la uniría a Johnatan y tal vez cuando fuese una persona adulta, ella podría ser libre y separarse del americano para siempre.

Cuando supo que sería padre fue feliz, muy feliz. Durante el embarazo el karateca la cuidó como nunca antes había hecho. Eva pensó que su esposo había cambiado y deseaba que ella le perdonara. El americano estaba convencido que su hijo sería varón.

—No sabremos eso hasta que nazca. —le advertía ella.

—Seguro que es un machote como su padre. —aseguraba él mirando con orgullo la ropa que ya había comprado para su futuro vástago.

En color azul por supuesto.

—Quizás sea niña. Eso me haría muy feliz. —dijo Eva.

Su esposo que no había pensado en esa posibilidad, se puso serio por unos segundos. No podía ser. Él siempre se salía con la suya y esta vez no iba a ser distinto.

Cuando su primera y única hija abrió sus ojos al mundo por primera vez en Caracas, Johnatan se dió cuenta por primera vez en su vida que no todo sale siempre como uno desea.
Eva se percató que su esposo volvía a ser el mismo tipo arrogante, machista y violento de siempre.
Solo se había mostrado durante su embarazo porque estaba convencido que su hijo sería un varón y no ocultó su disgusto cuando nació una niña en lugar del niño que él deseaba. Esto hizo que su esposa se decepcionara más aún de él.
Ya no podía respetarle ni siquiera como el padre de su hija que era. Sentía como se le desgarraba el corazón por dentro al comprobar que su marido no se acercaba a su propia hija y cuando lo hacía era tan solo para poner una mueca de disgusto en su rostro.

Para la retorcida y retrógrada mente de Sanders, una hija suponía gastar mucho dinero en su crianza y educación para poder conseguirle un buen partido como marido. En su familia aún persiste la costumbre de entregar una dote al esposo de su hija.

Tras el nacimiento de Caroline, la familia se trasladó a Grandview, Estados Unidos, lugar de nacimiento de Johnatan.
Aunque Eva no deseaba viajar a Estados Unidos, pues prefería quedarse en Venezuela o regresar a Suecia, su marido una vez más impuso sus deseos por encima de los de su familia. Esa opinión no era importante para él.

Los tres llegaron al lugar en el que habitarían en los años venideros. Eva enseguida descubrió que su hija y ella jamás serían felices allí en un lugar cuyos habitantes eran como su esposo; retrógrados, ultraconservadores, controladores, pero sobre todo muy intolerantes. Criticaban y atacaban a aquellos que no se comportaban o pensaban como ellos considerándoles personas indecentes e inmorales. Algo que por desgracia aún no han cambiado.

Para Eva, una mujer europea acostumbrada a vivir con libertad su propia vida sin depender de la aprobación de nadie, aquel sitio se convirtió en un infierno del cual quería escapar a toda costa. En su país pertenecía a una de las familias más ricas de la nación y no tenía ninguna necesidad de aguantar a un marido déspota, controlador, retrógrado y machista como Johnatan.
Su hija y ella serían felices en Suecia. Eva hija única de un matrimonio de la alta sociedad sueca no deseaba que su amada hija creciera en un lugar como aquel que coarta la libertad y el libre albedrío de todo ser humano. Lo había planeado todo para marcharse de allí para siempre, pero un día comenzó a encontrarse mal.
Después de unas pruebas médicas el doctor le detectó una enfermedad incurable contra la que tuvo que luchar durante años, mientras observaba angustiada las palizas que su marido propinaba a su hija que siempre había sido una chica rebelde que se negaba a ser dominada por su padre y que este le dijera como tenía que vivir.

Hacía tiempo que Johnatan no la golpeaba ya que habría sido de cobardes agredir a una persona enferma. Por eso se cebaba en su hija, a la que trataba de domar o "reconducir" como él lo llamaba.

Su mujer, angustiada, no sabía que sería de su hija cuando ella ya no estuviese. Solo deseaba que se enamorara de un buen muchacho, se casara con él y que se la llevará lejos de aquel infierno. Aunque conociendo a su esposo, este sería capaz de impedirlo si el elegido de su hija no contaba con su aprobación y beneplácito.

Cuando Eva falleció, su hija destrozada lloró durante días y semanas enteras. La relación con su progenitor fue haciéndose cada vez más fría. Caroline le culpaba del sufrimiento, enfermedad y muerte de su madre.

Decidido a traer a su hija de vuelta como sea, Johnatan sale en su busca dirigiéndose a casa de los rockeros, pues está seguro que se encuentra allí. Aunque ignora donde viven, sabe que algún vecino del pueblo se lo dirá.

Lejos de allí, un grupo de chicos del pueblo comentan la última hazaña de Caroline.

Su escapada de casa.

—¡Esa chica es una golfa! —comenta uno de ellos.

—Sí y está poniendo en entredicho la reputación de las demás chicas de este pueblo que sí son decentes y honradas... —responde otro.

—La primera vez se nos escapó cuando íbamos a darle una lección. Pero no se volverá a escapar.
—asegura un tercero.

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