CAPÍTULO 15

PRIMERA PARTE
Después de estar un rato paseando por la ciudad, Johnathan desiste de su propósito y decide regresar a casa. No puede ser tan arrebatado. Debe pensar con la cabeza fría para saber que hacer, aunque el odio y la rabia lo consuman.
Ajenos a todo eso, Caroline y Rick disfrutan de sus últimos minutos de intimidad en aquel lugar tan hermoso. Son tan felices que no imaginan lo que se les avecina.
En casa, los rockeros preparan la cena de esa noche, que es Nochebuena.
Un poco de jamón salado y salchichas encurtidas. Lograron traer esas cosas desde Suecia hasta Norteamérica pues sabían que la Navidad la pasarían fuera de su amado país. Como ninguno de ellos, incluida Caroline, cree en la Navidad, han optado por no adornar la casa que habitan con típicos adornos navideños. Otro motivo más por el que son criticados por sus conciudadanos, que además de delincuentes, les consideran irreverentes.
Ellos que tanto creen en Dios, que tanto se persignan y tanto acuden a misa los domingos, no dudan en saltarse uno de los mandamientos en lo que tanto creen; no juzgar.
Usan la religión para lo que les conviene, aunque luego hacen lo que les da la gana cuando también les conviene. A diferencia de Estados Unidos, ellos consideran más importante la Nochebuena, no por pertenecer a las fiestas navideñas, sino por ser una noche familiar.
A pesar de sus cabellos largos, su vestimenta y su aparente pasotismo, para los músicos la familia es lo más importante y la Nochebuena solo es una excusa para reunirse con sus seres queridos en torno a una cena. Ese año están lejos de sus familias en Suecia por culpa del trabajo, aunque eso no va a ser impedimento para que celebren esa noche con su otra familia; sus compañeros de banda y Caroline, que ya es parte de ella.
En casa de los Sanders, Maite observa a su jefe. Está más enojado que nunca con su hija, pero a diferencia de otras veces aún no ha hecho nada, parece más tranquilo. Eso sí es preocupante.
La nana de Caroline le conoce desde hace años y esa actitud solo indica que su jefe trama algo y no es bueno. La mujer quiere avisar a la joven pero no tiene forma hacerlo, Johnatan la tiene muy vigilada.
En el pueblo, las críticas a los europeos son cada vez mayores. No solo tienen que convivir con esos "engendros del demonio", como los llaman, que no viven de acuerdo a sus normas, además tampoco respetan las costumbres del lugar. Una de ellas adornar el vecindario como siempre se hace por esas fechas. Y no parece que tengan mucha intención de hacerlo.
—¡A ver cuando se largan de este decente pueblo de una vez, nos dejan tranquilos y podemos volver a nuestra vida normal! —comenta un individuo de unos sesenta años, de complexión normal y entrado en canas con su esposa.
Ella, asiente con la cabeza dando la razón a su esposo. Al igual que otras mujeres de la comunidad, está educada a la antigua, sometidas al yugo machista en el que no se les permite actuar sin previa consulta a su esposo y mucho menos llevarles la contraria en nada. Si eso llegara a suceder, sus maridos saben muy bien como doblegarlas y someterlas a su voluntad o su capricho.
Las críticas de algunas de estas mujeres a la rebeldía manifiesta de Caroline, es solo fachada. En realidad ellas quisieran ser así, pero jamás se han atrevido, por eso aceptan la voluntad de sus maridos como la única válida, como antaño hicieron con sus progenitores. Más de una vez han sentido deseos de liberarse, rebelarse.
En definitiva; vivir.
Jamás lo hicieron, el miedo las paraliza. Viven resignadas en aquel lugar que quedó anclado en el pasado. En cambio, sus hijas no tienen intención de rebelarse contra el machismo porque están de acuerdo con los pensamientos y actitudes de los hombres del pueblo. Sus madres comprueban horrorizadas como sus hijas aceptan la dominación del hombre, mientras ellas encadenadas a su propia cobardía, aceptan ser ciudadanas de segunda en un matrimonio en el que siempre llevan las de perder.
Por las noches en sus camas, piensan en la hija de Johnny. Ya que ellas no pueden escapar ni de sus matrimonios, ni de Grandwiew para recuperar la libertad, desean que Caroline logre escapar de aquel lugar, pero en especial de su padre. Y si tiene que ser con esos músicos o cualquier otra persona, pues que sea. No saben que clase de personas son esos muchachos, aunque esperan que salgan pronto de allí. Aquel lugar es un infierno en el que están atrapadas y  en el que todo es apariencia.
Hermoso y hospitalario para los turistas, pero cerrado y asfixiante para sus habitantes. Son pocos los que están de acuerdo con lo que dice la chica, aunque callan, mantienen las apariencias ante los demás y critican como el que más.
Cuando Caroline y Rick llegan a casa, la felicidad se refleja en sus rostros.
Viene tomados de la mano, sin importarles que alguien los descubra.
El resto de la banda los mira y sonríe.
—¡Por fin habéis decidido dar el paso! ¡Ya era hora! —les sonríe Joe.
Ellos le devuelven la sonrisa pero no dicen nada, solo se miran por unos segundos en completo silencio.
—Nos hace muy feliz veros juntos ya. —responde otro de ellos.
—Ahora vamos a vestirnos para la cena especial de esta noche. —dice Marcus en esta ocasión.
—Yo haré lo que pueda con este cuerpo, pero...es imposible que ella pueda estar más bonita de lo que ya es. —responde el cantante
mirándola.
Ella le sonríe enamorada y le da un dulce beso en los labios.
Todos suben a sus habitaciones, se dan una ducha rápida de cinco minutos y luego comienzan a vestirse. Los muchachos se arreglan para la cena, aunque no de manera exagerada. Se trata de una cena familiar, no de una fiesta, que por otra parte detestan por considerarlas frívolas.
Si triunfan en la música tal vez los inviten a algunas de ellas. Aunque si pueden evitarlo lo harán y se quedarán en casa leyendo un buen libro, algo que sí les encanta. Los chicos se ponen otros vaqueros y una americana con sus cabellos rizados y esponjosos.
Caroline, que desde que escapó de casa no volvió y no dispone de dinero, se compró hace unos días algo de ropa.
Rick le prestó dinero, aunque no era mucho. La joven fue a la ciudad acompañada por Joe a hacer unas compras.
Él tenía que adquirir unas cosas para casa y ella aprovechó para acompañarle. Ambos sabían que en el pueblo iba a ser difícil, sino imposible poder comprar algo, por eso decidieron trasladarse a otro lugar para realizarlas. Una vez hechas las compras ambos se reunieron para regresar a Grandview. Cuando se case con Rick y ambos se vayan de aquel lugar, buscará un empleo para devolverle ese dinero a su futuro marido y le apoyará en sus sueños de triunfo. Sabe que los muchachos tienen talento y lograrán triunfar más tarde o más temprano.
En su habitación termina de darse los últimos toques.
Ha rizado medios y puntas de su cabello, y luego lo ha recogido en una coleta, dejando que algunos mechones caigan sobre su cara, proporcionándole un aspecto más natural. Por primera vez en mucho tiempo se ha maquillado y se ve rara. No fea, solo rara. Es la falta de costumbre. Su maquillaje es típico de los ochenta, algo recargado pero ella no ha querido excederse, además él la encuentra hermosa de cualquier forma.
Eso le ha dicho más de una vez.
Caroline sonríe al pensar en el hombre que ama Rick. La hace tan feliz...Poco imaginaba que el día que los rockeros llegaron al pueblo, no solo llevarían el escándalo al pueblo, también el amor a su vida. Un amor que la sacará de aquella vida gris, triste y asfixiante que tenía en el pueblo hasta que ellos llegaron. Hasta que el vocalista la cuidó cuando se presentó en su casa, llevada por el instinto quizás, en muy malas condiciones. Todos cuidaron de ella con mimo. Entonces confirmó que la gente del pueblo era ignorante y malvada, en especial su progenitor. Ellos no eran los monstruos depravados que la gente decía. Muy al contrario, eran chicos amigables y muy dulces, aunque con mucho carácter. Los vecinos de aquel lugar los juzgaban por su apariencia, porque no eran como ellos.
En realidad no tenían ni idea de como son en realidad.
Solo son unos hipócritas que juzgan a los demás y se meten en sus vidas privadas, sin mirar las suyas propias que están muy lejos de ser ideales y mucho menos son lo que venden de puertas para afuera.
Caroline comprueba en el espejo como le brillan los ojos de manera especial cuando piensa en su rockero. La hija de Sanders, se coloca bien las grandes hombreras del vestido blanco que ha elegido para esa ocasión, ceñido, pero no vulgar, a la altura de la rodilla, y con la espalda algo descubierta. Ataviada de esa manera se prepara para bajar a cenar con su chico y sus amigos, mientras su mente revive aquella primera vez de mutua intimidad que ambos compartieron, en la que desnudaron sus almas y sus cuerpos.
En ese momento fueron un solo cuerpo y las sensaciones que experimentaron sus cuerpos rozándose, confirmaron lo que sus almas ya habían hecho al encontrarse y unirse en una sola para siempre.
Se dirige a la puerta de su habitación, la abre y desciende las escaleras que la conducirán al primer piso. Cuando Rick, que ya está arreglado para cenar y conversa con el teclado del grupo, la ve, se levanta del sofá y se dirige a su encuentro. Cuando ambos están uno frente a otro, no hablan. Durante unos minutos solo se miran a los ojos profundamente, con las manos cogidas y sin pronunciar palabra alguna. Entre ellos no hace falta.
Son sus ojos los que hablan y expresan lo que una palabra es incapaz de lograr.
El teclado del grupo los mira y sonríe. En ese instante, ninguno es consciente de lo que hay a su alrededor, pues solo están pendientes el uno del otro.
—Se sigues mirándome así me vas a ruborizar más de lo que ya estoy y tus compañeros pensarán que tienes cara de...—dice Caroline sonriendo a Rick.
—¿Enamorado? Bueno, es que lo estoy y mucho por cierto. ¿Cómo quieres que te mire? Me sale del corazón. Mejor dicho, ¿cómo no quieres que te mire si cada día que pasa estás más bonita? —responde él devolviéndole la sonrisa. —Además cada vez que me sonríes mi corazón se agita más. —contesta el cantante susurrando en el oído de la mujer que ama mientras le toma una mano a Caroline y la deposita sobre su corazón.
—¡Eres tan increíble..!
Ella se estremece.
Cuando ella siente palpitar el corazón de su rockero, el de ella comienza a latir con más rapidez.
¿Qué le va a hacer si está loca por él? Rick acaricia el rostro de ella con sus manos, deslizando sus pulgares sobre los labios de Caroline, besando su frente, abrazando a su novia instantes después. Enseguida los muchachos los avisan que está la cena lista.
—¡Eh, par de tortolitos! Ya podéis sentaros a cenar.
La pareja se mira avergonzada y se sonríe.
Durante la cena, la pareja no para de hacerse arrumacos.
—¡Sois crueles! —les dice uno de ellos. —Vosotros mostrándoos empalagosos y nosotros más solos que la una.
Joe le da una colleja a su compañero.
—¡No seas envidioso! Ellos no tienen la culpa de estar enamorados.
—¡Pues que no coman pan delante de los pobres!
La frase del músico hace reír a todos.
—Tarde o temprano vosotros también encontraréis a mujeres tan maravillosas como mi Caroline. —responde Rick mirando a su futura esposa que le sonríe con amor.
Lejos de allí, en Suecia, el abogado de la familia de Elena reúne a la familia de los padres de la malograda joven, que acaban de perecer víctimas de sendas enfermedades. En la casa de la pareja, el letrado les comunica que la pareja no les dejó nada a ninguno de ellos. Junto a esa "noticia", el matrimonio les adjuntó una nota manuscrita firmada por ambos.
Esta decisión no ha sido tomada por capricho. Queremos que aprendáis que no todo en esta vida es el dinero, hay cosas más importantes que esa. Vivimos equivocados durante muchos años creyendo que el dinero nos hacía más dignos, o mejores que aquellos que tenían menos, pero nada de eso es cierto. Alguien, la persona que menos esperábamos nos dio una lección de vida y honestidad. Nos mostró sin saberlo donde está la verdadera riqueza y el éxito. Para nosotros sería muy fácil dejaros parte de nuestra herencia a cada uno de vosotros, pero no lo necesitáis, además a buen seguro vuestros padres ya os tengan algo destinado. Labraos vuestro propio destino, y vuestro futuro. Valorad las cosas importantes de la vida, esas que el dinero no os puede proporcionar. Salid del engaño en el que tanto tiempo estuvimos nosotros. El dinero y las posesiones materiales se pueden evaporar de un plumazo, y entonces solo os quedará el amor, las vivencias que llenan el alma. O tal vez nada si dais prioridad al dinero sobre todo lo demás. Si os empezáis en vivir desde fuera y para fuera relacionándoos solo con aquellos que poseen lo mismo que vosotros, entonces perderéis la oportunidad de conocer a personas que sin tener todo aquellas cosas de las que gozas y a las que os empezáis en dar más importancia de la que en verdad tienen, os pueden llenar la vida y el alma de cosas que de verdad importante. Podéis creer tener mucho, aunque no tengáis nada en realidad. Con amor: HELGA Y JOHAN.
Los familiares del matrimonio montan en cólera. No pueden, ni quieren aceptar la decisión de sus tíos y exigen que se reparta la herencia entre ellos.
—¿A qué oportunista le dejaron toda la herencia? Queremos una respuesta y la queremos ya. —responde uno de los sobrinos de los padres de Elena furioso y soliviantando a sus primos y hermanos.
SEGUNDA PARTE
El abogado y administrador de la fortuna familiar trata de tranquilizar a los familiares de la pareja.
—No le dejaron su fortuna a nadie en particular, sino a diversas instituciones benéficas de todo tipo. Con la única persona con la que podían tener la obligación de dejarle algo de su fortuna es con Elena, pero por desgracia ella ya hace algunos que ya no está en este mundo, por lo tanto y dado que es su fortuna podían disponer de ella de la manera que desearan. Si los reuní aquí fue solo para informarles de la decisión de sus tíos, ya que forma parte de la última voluntad de ambos. —les dice el abogado. —Buenas tardes. —dice tomando su maletín y su levantándose.
En Grandview, la cena transcurre con tranquilidad. Todos pasan una agradable velada, entre anécdotas de las actuaciones del grupo por distintas partes en las que han tocado.
—Vais a triunfar en este país, lo sé. Vuestro talento tarde o temprano verá la luz. Además con lo guapos que sois, seguro que pronto tenéis legiones de fans enamoradas de vosotros, y ¿quién sabe si entre ellas conocéis a la mujer de vuestra vida? —les dice la hija de Eva sonriendo.
—Sí. Ellos necesitan encontrar a la mujer de su vida, pero yo la encontré el día que fuí a comprar a una tienda y la mujer más guapa y especial que he conocido nunca se enfrentó al dueño de la tienda porque no me quería atender. Creo que me robó el corazón desde ese día y no lo sabía. Un corazón que siempre será suyo. —responde Rick besando una mano de Caroline. —Y que me aceptó en su vida pese a no ser un príncipe azul, y ser un tipo muchas veces arrebatado e impulsivo.
Ella siente como sus ojos se llenan de lágrimas con las palabras de su "rockero", toma el rostro de Rick con las manos y besa sus labios con dulzura.
—¡Qué hombre tan maravilloso eres, Rick! No quiero príncipes azules si te tengo a ti. Los príncipes azules no existen y son aburridos. Arrebatado, impulsivo y enojon, así eres tú. Es tu esencia. Aunque también eres dulce, tierno y romántico, ¿cómo no amarte? —responde ella. —Creo que me robaste el corazón desde que esos hermosos ojos azules se cruzaron con los míos. —responde ella en esta ocasión.
Él la besa en la frente mientras acaricia su cabello.
Terminada la cena, y cuando ya es muy tarde, todos entran en respectivas habitaciones.
En su cama, Maite piensa en los enamorados. Sabe que ella es muy feliz con él y ambos están muy enamorados, pero también que el padre de la joven trama algo para separarlos. No sabe que pasa por la cabeza de ese hombre. De lo que sí está segura es que va a ser algo retorcido y malvado como es él. Le gustaría avisar a Caroline pero Johnatan la tiene muy vigilada. La mujer ignora que ella no es la única persona del pueblo a la que somete a vigilancia.
Los días transcurren con la normalidad acostumbrada y la Navidad toca a su fin. Ese primer día del año nuevo, Rick y Caroline afrontan el futuro con optimismo. Cada día más enamorados empezarán nuevo año y nueva vida como matrimonio.
En esos momentos ambos se preparan para casarse.
Lo harán a escondidas de la gente del pueblo, porque de enterarse correrían a decírselo al padre de la muchacha. Saldrán del pueblo para hacerlo y se vestirán en el juzgado de una ciudad cercana en el que ya tienen cita. Por eso tanto Rick como ella, no dan ninguna pista acerca de lo que van a hacer. Ambos visten ropa de sport, pero en sus mochilas guardan la ropa con la que unirán sus vidas para siempre. Ni siquiera los compañeros de banda saben que ese mismo día, ambos van a casarse. Aunque saben que todos los apoyarían y les guardarían el secreto, no quieren involucrarlos en sus planes. De ese modo, cuando todo el pueblo se entere que se han casado, la ira de Sanders no les alcanzará. O al menos eso esperan.
Ellos asumirán las consecuencias, ellos dos nada más, aunque Rick espera que las maquetas que han distribuido días atrás gusten y alguna disquera les proponga grabar un disco.
Así se llevará a su futura esposa lejos del pueblo. Y en cuanto les sea posible se traerán a Maite con ellos para alejarla de ese individuo.
Cuando ambos salen por la puerta tomados de la mano cuidándose de no ser descubiertos sus alegres rostros se ensombrecen al ver a las personas que están frente a ellos.
—¡Ahí lo tienen! ¿Qué esperan para detenerle? —les ordena Johnatan Sanders a unos agentes de policía con una sonrisa maliciosa en su rostro.
—¿Qué significa esto? ¿Qué hacen ustedes en mi casa? —responde Rick a los agentes que se dirigen a él.
En cuanto los policías llegan junto al músico le ponen unas esposas.
—¿Qué creen que están haciendo? ¡Suelten a Rick ahora mismo! —les exige Caroline acercándose a ellos enfadada y desesperada.
—Lo lamento señorita. —dice uno de los policías. —Tenemos que detenerle.
Luego el policía se dirige al rockero.
—Rick Johnson queda usted detenido por secuestrar y violar a la señorita Caroline Sanders. Tiene usted derecho a un abogado, si no puede pagarse uno se le asignará uno de oficio. Todo lo que diga podrá ser usado en su contra ante un tribunal. —le dice el agente leyendo al músico sus derechos.
—¡Yo no he hecho nada hagan el favor de soltarme! —responde el vocalista furioso tratando de librarse de los agentes.
Caroline corre hacia él y trata de ayudarle, pero es en vano.
—¡Eso es mentira! Él es inocente. —grita la muchacha mientras se llevan al hombre que ama.
—Ya les avisé agentes que eso sería lo que mi hija les diría. Está totalmente dominada y anulada por ese mal hombre. —dice Johnatan fingiendo ser un preocupado y amoroso padre.
En ese momento, los compañeros de banda del vocalista salen fuera de la casa alarmados por los gritos.
—¿Qué está pasando aquí? —exige saber uno de ellos. —Se quieren llevar detenido a Rick acusado de secuestrarme y violarme. —les responde Caroline mientras corre junto a él y le besa angustiada.
—No te preocupes, Carrie. Todo esto se va a aclarar. Soy inocente. —responde él besando sus labios mientras los agentes tiran de él para llevárselo. —Se fuerte como siempre has sido. Volveremos a vernos pronto. —la tranquiliza él.
—¡Rick! —grita ella desesperada cayendo de rodillas al suelo y derrumbándose mientras ve a su rockero alejarse en un coche de policía.
A unos metros de ellos, sus amigos enfurecen y miran a Sanders y otros hombres del pueblo.
—Es usted un miserable. Sabe que Rick es inocente. Pero por mucho que haga, por muchas artimañas que utilice, jamás podrá separarlos. —le reprocha uno de los músicos al padre de Caroline.
El hombre le mira y sonríe con cinismo.
—No esté tan seguro de eso, delincuente que dice ser músico. —le advierte el padre de la joven. —Ya lo he hecho. Y si no queréis seguir su camino marchaos de aquí. —les amenaza.
A unos metros de allí, Caroline sigue llorando por lo sucedido con Rick, siente como alguien la agarra por un brazo. Cuando se gira, observa a su padre mirándola enfurecido.
—¡Suéltame, Johnatan! ¡Todo esto es culpa tuya! —le espeta ella con rabia tratando de liberarse de su progenitor.
Cuando la joven mira a su alrededor, se percata que no lo va a tener fácil para escapar de su padre, ya que su progenitor no ha venido solo, sino acompañado por dos hombres más.
—Si no vienes conmigo te aseguro que le haré mucho más daño a ese rockerucho tuyo. De ti depende que pase años en prisión o salga libre mañana mismo. No puedes volver a verlo. —la amenaza su padre.
—¡Miserable! ¡Maldito sea el día en que mi madre se enamoró de ti! ¡Hubiera preferido mil veces no nacer a tener un padre como tú! —grita ella golpeando furiosa el pecho de su padre con los puños.
Su progenitor levanta una mano con intención de abofetearla pero una voz se lo impide.
—Ni se le ocurra tocar a su hija o ni usted ni nadie podrá impedir que le demos su merecido. Puede que ahora Rick no esté aquí pero Caroline no está sola. —dice alguien.
Cuando Sanders gira la cabeza en dirección a esa voz, sus ojos se llenan de furia. Los rockeros intentan impedir que se lleve a su hija a rastras pero unos agentes se lo impiden.
Un mes después, el artista sale de prisión y regresa a su casa. Sus compañeros le reciben con los brazos abiertos. Aunque Johnatan prometió a Caroline retirar los cargos en contra de Rick si regresaba con él a casa, en realidad nunca se molestó en aclarar la verdad, dejando que la denuncia siguiera su curso. Cuando los agentes estaban a punto de llevarse al rockero a la ciudad para llevarle a juicio, dos personas se presentaron en la comisaría justo a tiempo para declarar a su favor asegurando que todo era una argucia del padre de la joven Caroline para separarlos y perjudicar al rockero. Sus respectivas parejas habían sido cómplices de Johnatan y le habían ayudado a ir en busca de Caroline. Ellos, creyendo que sus esposas eran tontas, hablaron de ello un día en el que ambos matrimonios comían juntos en casa de una de las parejas. Sus mujeres los escucharon hablar de la mentira de Sanders y de sus planes para separar a la pareja.
Aunque sabían que con su complicidad podían destruir a una persona inocente no les importó, también odiaban esos cantantes y además le eran más fieles a Johnatan que a sus propias esposas.
Durante ese tiempo un sheriff nuevo había llegado a la comunidad, en esta ocasión, una persona honrada y decente a diferencia de su antecesor, un individuo al servicio de Johnatan Sanders. Las mujeres de los cómplices dudaron durante días.
Sabían que ellas podían aclarar la verdad y evitar que un hombre inocente pagara por algo que no había hecho. Aunque también que si sus esposos se enteraban de lo que habían hecho, lo pagarían caro. Incluso con sus propias vidas.
Después de meditarlo durante unos días, decidieron arriesgarse, se presentaron en comisaría y declararon lo que sabían. El sheriff ante el testimonio de ambas y la falta de pruebas, decidió ponerse en contacto con Johnatan Sanders para llamarlo a declarar ante las acusaciones de las dos mujeres para confrontar las distintas versiones de la historia. Sin embargo, al no poder localizar al denunciante, el policía optó por hacer lo más justo y sensato; dejar a Rick libre. Además su instinto, que no solía fallarle, le decía que el muchacho era inocente y que había sido acusado por su imagen por culpa de la intolerancia.
Cuando llegó, escuchó la historia de Caroline y Rick, en concreto la versión de la comunidad. El hombre sabía por experiencia propia que no había que creerse cualquier cosa que se escuchara, viera o leyera. Hay mucha gente que inventa rumores y mentiras, bien por dinero, por maldad, interés, prejuicios, envidia o simple maldad.
Rick le debe su libertad a dos personas valientes del pueblo, que a pesar de detestarlo en apariencia, decidieron hacer lo que era justo. El muchacho se dio cuenta que no todo el mundo allí era malvado y con una sonrisa les agradeció lo que acababan de hacer por él. Ellas debían fingir, guardar las apariencias.
Ahora que ya era un hombre libre iría en busca de Caroline. Nada ni nadie, en especial Johnatan Sanders, va a impedir que la recupere y se la lleve de aquel pueblo. Lo que Rick ignora es que su libertad le ha costado caro a las dos mujeres que declararon a su favor. Una de ellas, fue asesinada por su esposo cuando descubrió lo que había hecho y su cónyuge está ya en prisión. La hija de ambos, a la que su progenitor se ha encargado de lavar el cerebro desde niña, criándola a su imagen y semejanza, justifica la acción de su padre.
La otra mujer que contribuyó a su libertad ha estado a punto de correr la misma suerte de su vecina a manos de su marido. Sin embargo la rápida intervención de la hija de ambos ha evitado una tragedia mayor. Ahora ambos amigos y vecinos están detenidos en la comandancia. Los dos vuelven a ser vecinos, esta vez de celda.
Después de abrazar a sus amigos, Rick se prepara para ir en busca de la mujer que ama y comienza a subir las escaleras en dirección a su casa habitación.
—¿Dónde vas, Rick? —le pregunta Markus.
—A ver a Caroline. Necesito besarla y abrazarla y que compruebe por si misma que ya todo se aclaró y estoy libre. —responde el cantante sonriendo.
Sus amigos se miran entre si.
No saben si contarle la verdad.
El rockero enseguida se percata que algo sucede.
—¿Qué ocurre? ¿Por qué os miráis y calláis? —les pregunta el intérprete mirándonos.
—Caroline no está aquí. Cuando te llevaron detenido, su padre se la llevó a la fuerza. No pudimos hacer nada por impedirlo, nos amenazó con hacernos lo mismo que te hizo a ti
Nadie ha vuelto a saber de ellos desde ese día. Nadie los ha vuelto a ver, ni a él, ni a Caroline, ni a Maite. —le informa Joe.
Rick siente como todo su ser se llena de ira.
—¡Voy a matar a ese desgraciado y a recuperarla! —exclama el músico.
—Primero tranquilo. No puedes ir así de exaltado a buscarla, volverías a tener problemas con la ley. Esta vez de manera justificada. Primero vamos a serenarnos un poco. —le aconseja Joe a su amigo, entregándole un sobre.
—¿Qué es esto? —desea saber el intérprete.
—No lo sé. Llegó poco antes que tú aparecieras aquí. Está a tu nombre, pero no tiene remitente.
El cantante sostiene el sobre entre sus manos. Tras dudar unos segundos, lo abre. En cuanto empieza a leer el contenido del sobre, el artista comienza a desesperarse y llora como un niño.
—¡No, por favor! —gimotea. —¡Ella no!
Sus compañeros asustados le miran sin entender. Joe toma la carta y comienza a leer su contenido.
Hoy día, Caroline Sanders, falleció en accidente de tráfico cuando decidimos abandonar para siempre Grandview. Perdí a mi hija por culpa suya, señor Johnson. Espero que sufra como yo estoy sufriendo. JS.
Cuando leen lo que ha causado tanto dolor en su amigo, los músicos rodean a su compañero para darle consuelo en ese momento tan duro y triste para él.
TERCERA PARTE
Cuatro años después...
—Chicos, ¿listos ya para otro gran concierto? —les pregunta su mánager, el estadounidense Paul Morgan.
—Listos Paul. —responde el teclado del grupo mientras mira a un ausente Rick, mientras niega con la cabeza.
Desde que recibió la noticia de la muerte de Caroline, el cantante no volvió a ser el mismo. Está siempre serio y pensativo. Lo que leyó en aquella carta le está torturando y carcomiendo desde entonces. Se siente responsable de lo ocurrido. Si no se hubiera cruzado en su vida quizás ella estaría viva.
Lejos de allí, alguien acaricia llorando la lápida de la tumba de una mujer.
—Todo fue culpa mía, perdóname. —dice la persona que está frente a la tumba.
En el estadio donde se va a celebrar el concierto, Rick y su banda ya está en el escenario. Las luces bajan, la gente grita emocionada.
Saben que eso quiere decir que el grupo ya está allí.
Instantes después, unos focos de colores iluminan la parte trasera del escenario, mientras que una luz blanca ilumina a la banda. Las chicas gritan al ver a los chicos. No solo tienen talento, además son muy guapos. Varias jóvenes observan sonrientes a Rick, pero él se limita a cantar. Nada más. Desde que comenzaron a triunfar, las mujeres comenzaron a rodearles, muy hermosas y especiales además.
Sin embargo, Rick no se ha fijado en ninguna. No quiere volver a traer la desgracia a la vida de una mujer. Hubo dos en su vida y ambas, tanto Caroline como Elena, acabaron muriendo. Tras la muerte de Caroline se refugió en su trabajo y cerró su corazón al amor.
Las canciones del concierto se van sucediendo y pronto comienza a sonar una balada muy especial. El tema más tierno y más desgarrador del grupo. Una canción que Rick escribió días después de recibir aquella nefasta noticia que le informaba de la muerte de la mujer que más ha amado en la vida.
Los primeros acordes de Carrie comienzan a sonar. Una canción que desde que se hizo pública ha tenido un gran éxito. Las fans suspiran al escuchar ese tema tan hermoso. Además la forma en que Rick la interpreta, de manera tan emotiva y desgarradora, conmueve a los que la escuchan hasta las lágrimas. Nadie sospecha que Rick vive y siente con dolor cada palabra de aquella canción. Le cuesta cada vez más interpretarla. Cada vez que lo hace recuerda todo aquello que vivió con ella, toda su historia de amor. En esa ocasión es más duro que nunca cantarla. Hoy se cumplen cuatro años desde que ella se fue.
Rick siente como las lágrimas están a punto de escapar de sus ojos claros. Su voz se quiebra por momentos mientras canta. El vocalista evita mirar a sus admiradoras para que no le vean en esa situación. Ellos no se lo merecen, no es profesional. Por eso el cantante mira hacia distintas partes del escenario mientras canta.
En esos momentos mientras pronuncia el nombre de la canción, Carrie, mira hacia bambalinas. Allí está su mánager mirando satisfecho el concierto de sus chicos.
Rick queda en shock al reparar en algo más, en realidad en alguien más que hay junto a su mánager. Creyendo que su mente le traiciona aparta la vista de allí por unos segundos. Pero cuando vuelve a mirar hacia allí de nuevo, encuentra lo mismo que le dejó sin habla segundos atrás. Mientras él, petrificado sigue cantando y mirando, la visión se acerca a él despacio.
«¡No puede ser!» piensa el rockero.
Cuando la visión llega junto a él, se da cuenta que es algo real, no producto de su imaginación. Y no llega sola sino con una pequeña damita de cabello dorado rizado y vestida de azul.
Él no entiende nada.
—Rick, mi Rick. No soy un fantasma, soy real. Puedes tocarme. —dice la aparición mientras toma la cara del cantante entre sus manos y le besa justo cuando está acabando la canción.
—¡Ca...Caroline? ¿Tú no..? —dice él sin poder apenas hablar.
—Nunca ocurrió Rick. Mi padre te mandó una mentira. Como ves nunca estuve muerta y además traje alguien especial conmigo. —le guiña un ojo ella.
Él las mira a ambas y de pronto lo entiende todo. Sabe quien es la niña que acompaña a Carrie. Él las abraza y llora como un niño durante unos minutos, cayendo de rodillas sobre el suelo del escenario.
Los asistentes al concierto mientras tanto, se emocionan con lo que están viviendo.
El cantante besa con ternura a Caroline en los labios mientras las lágrimas aún resbalan por su rostro. Sus compañeros de banda y su mánager los miran sonrientes. Quisieron darle esa sorpresa.
El cantante se disculpa con sus fans por si se sienten molestos por lo sucedido. Se levanta y abandona con Caroline el escenario de la mano y la niña, la hija de ambos en brazos. Sus admiradores emocionados le aplauden. Comprenden lo ocurrido ya que a veces sobran las palabras cuando es algo tan evidente.
Una vez acabado el concierto, la pareja habla de lo sucedido en esos cuatro años. Ella sabe que su progenitor los había engañado de nuevo. A él haciéndole creer que ella había muerto y a ella que si permanecía a su lado, retiraría los cargos en contra de Rick y este saldría de prisión, aunque que no podía volver a verle. De nuevo les mintió a ambos.
—El día que descubrió que estaba embarazada me aseguró que perdería ese niño. Él...él intentó pegarme una paliza para que abortara, pero...pero... —comienza a llorar la joven. —Maite...ella, se metió entre los dos para evitarlo y...recibió la paliza que era para mi... —Caroline llora desconsolada recordando todo aquello sintiendo una opresión en el pecho. —Ella era mayor, no pudo resistir los golpes y...murió por culpa de ellos. Ella murió por mi culpa y eso nunca me lo perdonaré.
Caroline llora rota de dolor, se siente tan culpable de lo sucedido. Rick la abraza.
—Tu padre es el único culpable de todo. —responde él acariciando su cara con ternura. —Espero que pague por todo lo que ha hecho.
—Ya pagó por eso, amor. Pagó con su propia vida. Cuando fue condenado a prisión por la muerte de mi nana tuvo una pelea en prisión y unos presos acabaron con su vida de varias cuchilladas. Le detestaban por acabar con la vida de una mujer mayor y le amenazaron de muerte desde que supieron el motivo de su condena. Sin embargo, él, en lugar de apartarse de ellos, entró en su juego de provocación y los agredió. El resto ya te lo imaginarás. De eso hace ya tres años. Desde entonces he vivido por y para nuestra hija. —se sincera ella.
—¿Por qué no me buscaste entonces? —pregunta él.
—No sabía donde encontrarte, además ya os habíais convertido en estrellas y supuse que ya me habías olvidado. —le confiesa ella.
—Ese hombre nunca ha dejado de amarte ni un solo día. —le responde uno de los compañeros de la banda.
—Nunca te he olvidado, Carrie. Siempre te he tenido aquí y aquí. —responde Rick señalando su cabeza y corazón respectivamente besando sus labios.
—Luego tuve que arreglar otra jugarreta de mi padre, cuando descubrí que había falsificado el testamento de mi madre a su favor. Y pasé un par de años en Suecia pues quería conocer a mi familia sueca. Fue cuando mi tesoro... —dice Carrie, acariciando a su hija. —empezó a hacerme preguntas sobre su padre cuando decidí buscarte. Tal vez no querrías nada conmigo, pero no podía negarte la posibilidad de ser el padre que siempre quisiste ser.
—No puedo creer tenerte aquí, otra vez conmigo y que me hayas dado una hija. —la besa él. —Tenemos que casarnos cuanto antes. No quiero que vuelva a pasar lo mismo. —se sincera él.
—Ya nada puede romper esto. A no ser que no me quieras lo suficiente, Rick.
Él la besa.
—No te vas a librar de mi. Quiero una gran boda y gritar al mundo lo feliz que soy ahora mismo. —responde él besándola una y otra vez.
—¿Y por qué no mejor una boda sencilla y más íntima con las personas que más nos importan? —le sugiere ella.
-Como tú quieras. —la besa él. -¿Te parece bien Suecia para celebrarla? —propone él.
—Es perfecto. —contesta ella. —¿Tú qué dices Elena? —se dirige a su hija.
—¿¡Elena!? —se sorprende él.
—Sí. Espero que no te moleste. Ella fue parte de tu vida, la amaste, además de algún modo te trajo a mi vida. —sonríe ella.
El rubio de ojos claros la sonríe y la besa.
Un mes más tarde, los enamorados sellan su unión en una pequeña capilla de Suecia. Elena, la hija de ambos acompaña a su madre hacia el altar. Cuando la ceremonia termina Rick, besa emocionado a su esposa que le mira con lágrimas en los ojos, mientras los pocos invitados que hay en la boda los aplauden.
El músico toma en brazos a Elena y ambos besan una mejilla de Caroline. Luego se dirigen al cementerio. Allí, Carrie deposita su ramo de novia sobre la lápida de Elena, el antiguo amor de su marido.
—Gracias por enviarlo a mi vida. Te prometo que le amaré como tú no tuviste tiempo de hacerlo. —dice la esposa de Rick acariciando la tumba de Elena.
Desde la lejanía, el espíritu de Elena los observa
—Hazle feliz y ama a Rick como yo no supe hacerlo. —dice el fantasma.
Y mientras Carrie y Rick se besan envueltos por una suave brisa que levanta algunas hojas con los colores propios del otoño, los padres de Elena se unen a su hija y los tres sonríen mientras contemplan a Rick y Caroline besarse felices.
FIN





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