CAPÍTULO 11
Dedicado a @AllisonAlbarracin
Rick besa la mejilla de Caroline y le dice.
—Descansa Caroline. Voy a salir. Nos vemos a la hora de la cena.
Rick necesita salir a caminar.
Desde que llegó con su banda a aquel lugar no han tenido un minuto de paz. En cuanto le ven transitando por las calles del pueblo comienzan las murmuraciones.
Creen que él y sus amigos tienen algo que ver con la desaparición de la hija de Jonathan. Los lugareños hacen todo tipo de comentarios sobre él.
—Pobre Caroline. Dejarse embaucar por tipos de semejante calaña. —dice alguien.
—Quizás ellos logren lo que su padre, el honorable Johnatan Sanders no ha logrado. Domarla. —asegura un joven de la misma edad de Caroline.
—No me extrañaría que un día saliera embarazada y que algunos de esos delincuentes la dejara abandonada a su suerte. —apostilla una tercera voz.
—¿Por qué no se largan de una vez de este decente pueblo? —se queja otro vecino del pueblo.
Rick, que lo ha escuchado todo y ha intentado contenerse termina explotando.
—¡Metanse en sus asuntos, grupo de alcahuetas sin oficio, ni beneficio!¡Debería darles vergüenza hablar tan mal de una vecina! ¡Envidiosas! ¡Caroline vale mucho más que la gente de este cochino lugar, junta! —les espeta el cantante en la cara a sus vecinos.
Rick comienza a alejarse de allí, para por unos instantes, se gira y les dice.
—¡No pensamos irnos de aquí, porque tenemos el mismo derecho de estar en este lugar! Mi padre nació que en este pueblo, siempre me advirtió sobre ustedes, pero creí que exageraba. Sin embargo, se quedó corto. —responde el rockero a unos sorprendidos y ofendidos vecinos que no esperaban que el chico les contestara.
—¡Insolente! —le reprocha una mujer de cincuenta y tantos, de cabellos rojizos.
—¿Quién es tu padre? —pregunta el joven de la misma edad de Caroline.
—¡La identidad de mi padre no es de su incumbencia! ¡No tengo ningún miedo a Sanders! Si quiere venir a la buscarme no me pienso esconder. —les asegura Rick, alejándose del grupo, esta vez de manera definitiva.
Entretanto, un grupo de jóvenes de la misma edad de Caroline, hablan por segunda vez de ella. En esta ocasión, en casa de una de ellas. Siempre ha tratado de forjar amistad con la hija Johnatan Sanders, para incluirla en su círculo social, ya que es la chica más rica del pueblo. Aunque todas pertenecen a un selecto grupo de jóvenes perteneciente a familias millonarias, la fortuna de la amiga de los rockeros es aún mayor. Caroline nunca he querido relación alguna con ellas. No desea recibir su compañía y menos aún su amistad.
—No lo entiendo. No comprendo que Caroline Sanders rechazó nuestra amistad y en cambio se relaciona con esos chicos, con los suecos. ¿Quién se habrá creído que es? —comenta la anfitriona a sus amigas, sirviendo café a sus amigos.
Aunque son chicas jóvenes, visten como si fueran veinte años mayor. Excesivamente rescatadas, en comparación con Caroline que si viste de acuerdo a su edad, es más independiente y posee un pensamiento propio y libre.
No se deja llevar por chismes o habladurías.
—Es solo una engreída que se cree mejor que nosotras solo porque tiene más dinero. Tenernos como amigas es lo mejor que le podría suceder. —asegura otra de ellas, una muchacha de cabello rubio ensortijado que es la viva imagen tanto en su aspecto, como en su vestimenta, tomando una de las tazas de que su amiga sirvió.
—No creo que sea por dinero. Esos tipos con los que se junta, no son ricos. Muy guapos sí, pero sin un penique. —responde una pelirroja de más de metro setenta, cabello negro liso y algunas pecas en el que rostro.
—Bueno...Tal vez está con ellos por guapos. La compartirán, vosotras ya me entendéis...—se burla una chica castaña se menuda estatura y ojos negros.
Todas se ríen de Caroline con malicia.
—Claro. A buen seguro, organizan orgías de sexo, drogas y alcohol.
Se vuelven a reír de la joven.
Lejos de allí, el padre de Caroline se jura a si mismo que cuando tenga de regreso a su hija con él, le dará una paliza mayor que la anterior por haberse escapado.
«Si tu madre no te enseñó a comportarte como una mujer decente, yo lo haré». «No permitiré que mi nombre ande de boca en boca por tu culpa» piensa Johnatan Sanders, mientras camina por las calles del pueblo.
Al mirar de frente, sus ojos oscuros enfurecen al descubrir quien está ahí. Johnatan Sanders se abalanza de de nuevo sobre Rick y le exige que le devuelva a su hija.
—¡No permitiré que se convierta en una cualquiera por culpa vuestra! ¡Haré lo que sea necesario para evitarlo!
Rick le detiene sujetándole por un brazo para evitar su agresión y se le enfrenta.
—No voy a permitir que le ponga una mano encima a Caroline. Ella ya no está sola, nos tiene a nosotros. Debería darle vergüenza pegar a su propia hija. Usted no es un padre, ni un hombre, solo una mala bestia. Yo también haré lo que tenga que hacer para evitar que la vuelva a agredir. ¡Vuelva a la tocarla y le denunció! Cuando se quiera dar cuenta estará en una celda.
Johnatan Sanders se ríe.
—Soy la persona más respetada y querida de este pueblo. Nadie se atrevería a denunciarme. —le responde el padre de Caroline con descaro y tono pretencioso.
—Eso era antes. No estábamos nosotros. Ahora las cosas han cambiado. —le explica Rick desafiándole con la mirada.
Johnatan Sanders, lejos de amedrentarse ante Rick se pone más altivo y burlón.
—Hazlo. Ponme una denuncia y veremos quien termina encerrado en una celda. —le reta el padre de Caroline.
—¡No vale usted nada! —le espeta Rick soltando su brazo y empujándole un poco para alejarle de él. —No se acerque a mi casa si no quiere que le eche a patadas y deje en paz a su hija Caroline. —le advierte el rockero mientras se aleja de allí.
Al caer la noche y ya de regreso en casa, Rick y sus amigos preparan la cena. El rockero quiere que Caroline coma con ellos en el comedor, pero Joe no es partidario de ello.
—Aún es pronto para que se ponga en pie. No debe hacer esfuerzos.
—¿Y quién dijo que tenga que preocuparse por hacer esfuerzos? —responde el rockero. —Podemos cenar con ella en su habitación para que no cene ella sola. —propone Rick mientras pela unas papas con un cuchillo.
—O podríamos cenar todos juntos aquí abajo si alguien sube a la habitación y la baja en brazos. —dice otro de los músicos mirando a Rick y haciéndole una señal con los ojos para que sea él quien suba.
Rick le sonríe. Ha captado el mensaje.
Los músicos meten las papas y el pescado al horno hasta que estén listos.
Cuando la cena está lista, Rick sube al primer piso en busca de su amiga.
—La cena está lista. —dice él.
—Gracias. Siento causaros tantas molestias. No solo me ayudáis cuando lo necesito y me dais cobijo aquí, además me subir la cena. Sois un encanto. No sé como os los voy a pagar. —sonríe Carrie con timidez, bajando la mirada.
Rick se aproxima a su cama.
—No te traigo la cena. Cenarás con nosotros abajo. Queremos cenar en tu compañía. —le explica Rick mirándola con sus brillantes ojos azules.
—No estoy presentable como para cenar con vosotros. Ni siquiera he podido arreglarme, ni maquillarme un poco. —vuelve a sonreír a Rick.
El corazón de Rick se agita con la sonrisa y la mirada de su amiga.
—No necesitas ninguna de esas cosas. Siempre estás preciosa. —le devuelve la sonrisa.
El cantante se aproxima a la cama de su amiga y la toma en brazos con delicadeza. Ella se sujeta a él pasando las manos alrededor del cuello de Rick, metiendo los dedos entre sus rizos rubios. Ambos permanecen así, como congelados por un instante sin dejar de mirarse a los ojos.
En ese momento, mientras sostiene el cuerpo de su amiga entre sus brazos, Rick lucha contra sus propios sentimientos y deseos.
—Perdóname, por favor, Perdóname. —le suplica él.
—¿Por qué? —pregunta Caroline.
—Por lo que voy a hacer. Pero no lo puedo evitar. —se sincera el rockero.
Instantes después, los labios de Rick besan los suyos.
Rick es tan dulce y apasionado en su manera de besar. . .
Caroline no puede entender como la gente puede pensar cosas tan feas de él y sus amigos solo por si apariencia. Ese hombre es tan generoso, tan increíble...Y sus besos son tan tiernos, delicados, pero a la vez esconden tanta pasión...La hace sentir muchas sensaciones en el estómago.
Es lo típico que se dice, pero es cierto. Al menos en ese caso.
«Sería tan fácil y bonito amarte»
Caroline cierra los ojos y se deja llevar por ese beso tan especial, mientras se aferra más al cuello de Rick. Él no entiende. No se comprende a si mismo. No sabe porque la besó. Solo sabe que necesitaba hacerlo. Por eso, por su atrevimiento le pidió perdón antes de besarla. Esos labios dulces, algo temblorosos que han recibido su beso, le besan también.
Aquello está fuera de toda lógica. Apenas hace unos días que la conoció y ¿ya la está besando? Esos labios van a ser su perdición. Rick lo supo desde el primer segundo que sus bocas se unieron. El vocalista siente un escalofrío recorrer su espina dorsal. Eso es lo que los labios de su amiga le provocan.
—Dime que me quede aquí contigo y cenamos los dos solos. —le propone Rick a Caroline susurrando en su oído con la voz algo entrecortada. —No va a pasar nada más. No necesito desnudarte para hacerte el amor. No sé lo que me ocurre contigo. No sé lo que siento. Solo sé que podría pasar horas, días, solo durmiendo abrazado a ti, Caroline.
Rick besa la mejilla de Caroline y le dice.
—Descansa Caroline. Voy a salir. Nos vemos a la hora de la cena.
Rick necesita salir a caminar.
Desde que llegó con su banda a aquel lugar no han tenido un minuto de paz. En cuanto le ven transitando por las calles del pueblo comienzan las murmuraciones.
Creen que él y sus amigos tienen algo que ver con la desaparición de la hija de Jonathan. Los lugareños hacen todo tipo de comentarios sobre él.
—Pobre Caroline. Dejarse embaucar por tipos de semejante calaña. —dice alguien.
—Quizás ellos logren lo que su padre, el honorable Johnatan Sanders no ha logrado. Domarla. —asegura un joven de la misma edad de Caroline.
—No me extrañaría que un día saliera embarazada y que algunos de esos delincuentes la dejara abandonada a su suerte. —apostilla una tercera voz.
—¿Por qué no se largan de una vez de este decente pueblo? —se queja otro vecino del pueblo.
Rick, que lo ha escuchado todo y ha intentado contenerse termina explotando.
—¡Metanse en sus asuntos, grupo de alcahuetas sin oficio, ni beneficio!¡Debería darles vergüenza hablar tan mal de una vecina! ¡Envidiosas! ¡Caroline vale mucho más que la gente de este cochino lugar, junta! —les espeta el cantante en la cara a sus vecinos.
Rick comienza a alejarse de allí, para por unos instantes, se gira y les dice.
—¡No pensamos irnos de aquí, porque tenemos el mismo derecho de estar en este lugar! Mi padre nació que en este pueblo, siempre me advirtió sobre ustedes, pero creí que exageraba. Sin embargo, se quedó corto. —responde el rockero a unos sorprendidos y ofendidos vecinos que no esperaban que el chico les contestara.
—¡Insolente! —le reprocha una mujer de cincuenta y tantos, de cabellos rojizos.
—¿Quién es tu padre? —pregunta el joven de la misma edad de Caroline.
—¡La identidad de mi padre no es de su incumbencia! ¡No tengo ningún miedo a Sanders! Si quiere venir a la buscarme no me pienso esconder. —les asegura Rick, alejándose del grupo, esta vez de manera definitiva.
Entretanto, un grupo de jóvenes de la misma edad de Caroline, hablan por segunda vez de ella. En esta ocasión, en casa de una de ellas. Siempre ha tratado de forjar amistad con la hija Johnatan Sanders, para incluirla en su círculo social, ya que es la chica más rica del pueblo. Aunque todas pertenecen a un selecto grupo de jóvenes perteneciente a familias millonarias, la fortuna de la amiga de los rockeros es aún mayor. Caroline nunca he querido relación alguna con ellas. No desea recibir su compañía y menos aún su amistad.
—No lo entiendo. No comprendo que Caroline Sanders rechazó nuestra amistad y en cambio se relaciona con esos chicos, con los suecos. ¿Quién se habrá creído que es? —comenta la anfitriona a sus amigas, sirviendo café a sus amigos.
Aunque son chicas jóvenes, visten como si fueran veinte años mayor. Excesivamente rescatadas, en comparación con Caroline que si viste de acuerdo a su edad, es más independiente y posee un pensamiento propio y libre.
No se deja llevar por chismes o habladurías.
—Es solo una engreída que se cree mejor que nosotras solo porque tiene más dinero. Tenernos como amigas es lo mejor que le podría suceder. —asegura otra de ellas, una muchacha de cabello rubio ensortijado que es la viva imagen tanto en su aspecto, como en su vestimenta, tomando una de las tazas de que su amiga sirvió.
—No creo que sea por dinero. Esos tipos con los que se junta, no son ricos. Muy guapos sí, pero sin un penique. —responde una pelirroja de más de metro setenta, cabello negro liso y algunas pecas en el que rostro.
—Bueno...Tal vez está con ellos por guapos. La compartirán, vosotras ya me entendéis...—se burla una chica castaña se menuda estatura y ojos negros.
Todas se ríen de Caroline con malicia.
—Claro. A buen seguro, organizan orgías de sexo, drogas y alcohol.
Se vuelven a reír de la joven.
Lejos de allí, el padre de Caroline se jura a si mismo que cuando tenga de regreso a su hija con él, le dará una paliza mayor que la anterior por haberse escapado.
«Si tu madre no te enseñó a comportarte como una mujer decente, yo lo haré». «No permitiré que mi nombre ande de boca en boca por tu culpa» piensa Johnatan Sanders, mientras camina por las calles del pueblo.
Al mirar de frente, sus ojos oscuros enfurecen al descubrir quien está ahí. Johnatan Sanders se abalanza de de nuevo sobre Rick y le exige que le devuelva a su hija.
—¡No permitiré que se convierta en una cualquiera por culpa vuestra! ¡Haré lo que sea necesario para evitarlo!
Rick le detiene sujetándole por un brazo para evitar su agresión y se le enfrenta.
—No voy a permitir que le ponga una mano encima a Caroline. Ella ya no está sola, nos tiene a nosotros. Debería darle vergüenza pegar a su propia hija. Usted no es un padre, ni un hombre, solo una mala bestia. Yo también haré lo que tenga que hacer para evitar que la vuelva a agredir. ¡Vuelva a la tocarla y le denunció! Cuando se quiera dar cuenta estará en una celda.
Johnatan Sanders se ríe.
—Soy la persona más respetada y querida de este pueblo. Nadie se atrevería a denunciarme. —le responde el padre de Caroline con descaro y tono pretencioso.
—Eso era antes. No estábamos nosotros. Ahora las cosas han cambiado. —le explica Rick desafiándole con la mirada.
Johnatan Sanders, lejos de amedrentarse ante Rick se pone más altivo y burlón.
—Hazlo. Ponme una denuncia y veremos quien termina encerrado en una celda. —le reta el padre de Caroline.
—¡No vale usted nada! —le espeta Rick soltando su brazo y empujándole un poco para alejarle de él. —No se acerque a mi casa si no quiere que le eche a patadas y deje en paz a su hija Caroline. —le advierte el rockero mientras se aleja de allí.
Al caer la noche y ya de regreso en casa, Rick y sus amigos preparan la cena. El rockero quiere que Caroline coma con ellos en el comedor, pero Joe no es partidario de ello.
—Aún es pronto para que se ponga en pie. No debe hacer esfuerzos.
—¿Y quién dijo que tenga que preocuparse por hacer esfuerzos? —responde el rockero. —Podemos cenar con ella en su habitación para que no cene ella sola. —propone Rick mientras pela unas papas con un cuchillo.
—O podríamos cenar todos juntos aquí abajo si alguien sube a la habitación y la baja en brazos. —dice otro de los músicos mirando a Rick y haciéndole una señal con los ojos para que sea él quien suba.
Rick le sonríe. Ha captado el mensaje.
Los músicos meten las papas y el pescado al horno hasta que estén listos.
Cuando la cena está lista, Rick sube al primer piso en busca de su amiga.
—La cena está lista. —dice él.
—Gracias. Siento causaros tantas molestias. No solo me ayudáis cuando lo necesito y me dais cobijo aquí, además me subir la cena. Sois un encanto. No sé como os los voy a pagar. —sonríe Carrie con timidez, bajando la mirada.
Rick se aproxima a su cama.
—No te traigo la cena. Cenarás con nosotros abajo. Queremos cenar en tu compañía. —le explica Rick mirándola con sus brillantes ojos azules.
—No estoy presentable como para cenar con vosotros. Ni siquiera he podido arreglarme, ni maquillarme un poco. —vuelve a sonreír a Rick.
El corazón de Rick se agita con la sonrisa y la mirada de su amiga.
—No necesitas ninguna de esas cosas. Siempre estás preciosa. —le devuelve la sonrisa.
El cantante se aproxima a la cama de su amiga y la toma en brazos con delicadeza. Ella se sujeta a él pasando las manos alrededor del cuello de Rick, metiendo los dedos entre sus rizos rubios. Ambos permanecen así, como congelados por un instante sin dejar de mirarse a los ojos.
En ese momento, mientras sostiene el cuerpo de su amiga entre sus brazos, Rick lucha contra sus propios sentimientos y deseos.
—Perdóname, por favor, Perdóname. —le suplica él.
—¿Por qué? —pregunta Caroline.
—Por lo que voy a hacer. Pero no lo puedo evitar. —se sincera el rockero.
Instantes después, los labios de Rick besan los suyos.
Rick es tan dulce y apasionado en su manera de besar. . .
Caroline no puede entender como la gente puede pensar cosas tan feas de él y sus amigos solo por si apariencia. Ese hombre es tan generoso, tan increíble...Y sus besos son tan tiernos, delicados, pero a la vez esconden tanta pasión...La hace sentir muchas sensaciones en el estómago.
Es lo típico que se dice, pero es cierto. Al menos en ese caso.
«Sería tan fácil y bonito amarte»
Caroline cierra los ojos y se deja llevar por ese beso tan especial, mientras se aferra más al cuello de Rick. Él no entiende. No se comprende a si mismo. No sabe porque la besó. Solo sabe que necesitaba hacerlo. Por eso, por su atrevimiento le pidió perdón antes de besarla. Esos labios dulces, algo temblorosos que han recibido su beso, le besan también.
Aquello está fuera de toda lógica. Apenas hace unos días que la conoció y ¿ya la está besando? Esos labios van a ser su perdición. Rick lo supo desde el primer segundo que sus bocas se unieron. El vocalista siente un escalofrío recorrer su espina dorsal. Eso es lo que los labios de su amiga le provocan.
—Dime que me quede aquí contigo y cenamos los dos solos. —le propone Rick a Caroline susurrando en su oído con la voz algo entrecortada. —No va a pasar nada más. No necesito desnudarte para hacerte el amor. No sé lo que me ocurre contigo. No sé lo que siento. Solo sé que podría pasar horas, días, solo durmiendo abrazado a ti, Caroline.

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